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En esta breve sección nos ocuparemos de un punto de gran importancia que es muchas veces subestimado. Lo más importante para que un trabajo de diseño salga como se espera es construir una relación fluida, agradable y sólida con el diseñador. Dado que el diseño se diferencia de otras disciplinas por su necesidad asidua del cliente, es crucial que se construya una relación correcta. Para hacerlo los esfuerzos son compartidos.
El diseñador siempre tiene que estar dispuesto a escuchar las opiniones del cliente, nunca desestimar su juicio ni considerarlo poco importante. No se debe caer en el error de considerar que como el cliente no sabe de diseño, no tiene la capacidad de opinar o sugerir cambios o ideas.

El cliente no debe ponerse a diseñar. El diseño y las cuestiones técnico-formales están exclusivamente a cargo del diseñador. El cliente puede sugerir, preguntar, aportar ideas y rechazar o aceptar propuestas pero no ponerse a manejar herramientas de diseño.
El diseñador no debe esperar que el cliente le resulta todos los problemas. No es correcto que el diseñador esperé siempre la confirmación del cliente para seguir con el trabajo. Si bien el diseño siempre tiene que contemplar los gustos del cliente, esto debe hacerse con audacia y versatilidad, es decir que esto no debe obstaculizar el desarrollo del trabajo.
El cliente no puede esperar que el diseñador haga todo solo. el diseño es una disciplina que está atada a los requerimientos y gustos personales (muchas veces caprichosos) del cliente. Por eso, el cliente siempre tiene que estar dispuesto a atender las demandas, consultas o propuestas del diseñador. Para que esto no sea algo molesto, es recomendable pautar encuentros periódicos en los que se esclarezcan las dudas y se coteje el avance del proyecto.
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